CAMBIO Y EVOLUCIÓN

25/05/2021
Antonio Mondéjar Platero

¿Cómo de receptiv@ eres al cambio? ¿Te gusta o te incomoda?
Descubre en que frecuencia de movilidad te encuentras.

El ser humano es capaz de adaptarse a situaciones cambiantes para garantizar la supervivencia.

Este “superpoder” es clave en el desarrollo personal debido a que si queremos tener éxito personal y profesional, tenemos que estar en continua actualización de nuestros programas y hacernos amigos del cambio, incluso provocarlo a veces cuando las cosas no van como nos gustaría.

La vida está en constante movimiento y si queremos mantenernos conectados a ella tendremos que movernos también, para estar en la medida de lo posible, en la cresta de la ola.

Pero el secreto del éxito reside en ser conocedores de dónde nos encontramos para saber qué tipo de decisiones podemos tomar para reequilibrarnos:

 

Inmovilismo

Tenemos por un lado,  a personas que se caracterizan por la poca flexibilidad física y mental.  Se las reconoce por su poca adaptabilidad, miedo enorme al cambio, gran apego y rigidez.  Mantienen la misma pauta, los mismos hábitos, las mismas rutinas, formas de pensar,…

Este patrón de funcionamiento les genera una seguridad y comodidad pero les condena al estancamiento.  Y como dice la frase:

“Todo lo que se estanca, se pudre”

 

Poco dadas al crecer constante para anticiparse a nuevos tiempos. Sufren de cansancio, desmotivación y apatía por falta de entusiasmo, lo que muchas veces les lleva a alimentarse de otros placeres momentáneos para cubrir su vacío y acallar su temor.

Estas personas se someten a un gran riesgo ya que cuando la vida traiga un cambio, estarán caducas y sufrirán para adaptarse a la nueva realidad, a no ser que opten por culpar al mundo de su desgracia.

Su miedo se irá incrementando y su dependencia e infravalor también,  ya que  han preferido vivir en un estado confortable en lugar de ir activando nuevas potencialidades que les acerque a nuevas oportunidades.

 

Hipermovilidad

En el otro polo tenemos a las personas que se caracterizan por el exceso de actividad, también física y mental.

Son fácilmente reconocibles por su velocidad exagerada, sobrecarga y apretada agenda. Suelen hacer muchas cosas e incluso muchas a la vez, aunque con poco foco, poca atención y poca profundidad. A pesar de ir rápido y sobrecargadas, son capaces de introducir nuevas tareas en su vida y aumentar su velocidad para poderlas realizar. Tremendamente activas y eficientes.

La parada, el descanso y un ritmo inferior al suyo les incomoda, de manera que si tienen algo de tiempo libre buscan ocuparlo en hacer o producir algo más. Cuando encuentran o conviven con personas que tienen un tempo de acción más bajo al suyo, suelen ponerse fácilmente nerviosas y cargar ellas con las tareas comunes con el pretexto de optimizar el tiempo, porque entienden que así se harán más rápido, sin percatarse del desequilibrio que esto supone.

Les mueve una creencia inconsciente de necesidad de importancia y reconocimiento que les hace aumentar sus revoluciones peligrosamente hasta que suelen llegar a un punto de saturación que les obliga a parar, huir o escapar.

Para mantenerse “vivas” necesitan tener a su alrededor  a personas vulnerables, necesitadas o con tendencia a la inmovilidad, ya que así ellas pueden desplegar todo su potencial y sentirse más grandes e importantes.  Normalizar este comportamiento es tremendamente tóxico, ya que la brecha entre unos y otros se va incrementando, y mientras que uno va aumentando su tensión, el otro va aumentando su inutilidad. Y como puedes imaginar, ¡esto no puede tener un buen final!

Sufren de estrés por sobrecarga, irritabilidad y tienen exceso de responsabilidades y obligaciones. Demasiado enfocadas hacia afuera y les falta espacio para ellas  mismas y su merecimiento.

Les resulta difícil delegar y/o implicar por falta de confianza, ya que creen que ellas lo harán mejor y más rápido porque disponen de una tremenda eficacia logística.

En estos casos, el Universo irá dando señales avisando de que este modo de actuar tampoco es favorable. En caso de hacer caso omiso de estas señales, llegará la parada obligada en forma de vivencia, muchas veces traumática o dolorosa.

 

Movilidad consciente

Finalmente tenemos a aquellos seres conectados con sus necesidades, atentos, autorresponsables y autocrítoc@s.

Se trata de personas en movimiento y cambio constante pero con la certeza que se debe disfrutar del viaje, sino este carece de sentido.

Son observadoras, agradecidas y empoderadas, conectadas al estado emocional en el que quieren vivir, y toman acción y decisiones en función de este objetivo. Están comprometidas consigo mismas, capaces de priorizar y limitar las responsabilidades cuando sospechan que éstas pueden provocar un agravio a su estado deseado.

Son personas con dirección, rumbo y propósito pero para ellas, no tiene sentido llegar a un resultado final en estado de agotamiento o con comportamientos poco lícitos. Tampoco tiene sentido el apalanque y el conformismo, ya que conocen bien que todo está en cambio permanente, y saben que si no van actualizándose y reciclándose, su estado de bienestar estará seriamente amenazado.

Hablamos de personas muy conectadas a su estado emocional , que dan más importancia al proceso que al resultado. Y no pretendo decir que el resultado no les importe, sino que el resultado es la consecuencia lógica de un proceso bien hecho y disfrutado, sin condicionamientos temporales.

Para garantizar este equilibrio disponen de una brújula emocional interior con indicadores de exceso de movimiento y de carencia de él, que la utilizan como navegador para la toma de decisiones.

Aprovechan cualquier experiencia vital para hacer una lectura constructiva e integrar los aprendizajes necesarios para crecer permanentemente. Desapegadas y dispuestas a transitar duelos constantes en favor de su expansión.

Son serenas y tranquilas; poco dadas a las preocupaciones porque estas personas,  en lugar de preocupación ven oportunidad.

Priorizan su descanso y bienestar porque saben que solo así podrán afrontar con vitalidad y claridad las nuevas experiencias y ofrecer  su mejor versión.

Esta autenticidad y manera de percibir la vida provoca mucha atracción, admiración y  magnetismo,  ya que apacigua el alma de los seres que se mantienen cerca.

 

Ahora más que nunca debemos ser muy conscientes del estado de movilidad en el que nos encontramos. El ritmo mundial se está acelerando mucho y cada vez hay más gente estresada por vivir a gran velocidad. A la vez también hay cada vez más gente que no puede sobrellevar adecuadamente esta aceleración y se está quedando rezagada.

Así que os animo a estar muy atent@s a las señales que os he dejado en este artículo, para manteneros en una movilidad consciente, conectad@s al cambio y buscando el equilibrio  en vuestro día a día para así garantizaros una apacible y armoniosa vida.