Qué importante es saber agradecer y colocarse en una alta frecuencia.
Cada día tenemos la oportunidad de practicar la gratitud en infinidad de cosas, pero nos despistamos y no solemos hacerlo. Pasamos a normalizar muchos de los privilegios y virtudes como si nos pertenecieran de forma absoluta y dejamos de prestarles atención para mantenerlos e incluso incrementarlos.
El peligro de esto es que a lo que no prestas atención, se pierde.
Sucede entonces que cuando perdemos algunos de estos privilegios que teníamos normalizados, supone un agravio importante en nuestra vida o nuestro cuerpo; y después tenemos el riesgo de destinar nuestra energía a la queja, con toda la cascada de emociones y sentimientos de baja frecuencia que esto conlleva, generando el efecto “bola de nieve” desfavorable a medida que va pasando el tiempo.
Por el contrario, si nos acostumbramos a agradecer TODO lo que nos ayuda, beneficia y facilita la vida, y lo hacemos de forma constante, la cosa cambia, porque generaremos la “bola de nieve” de emociones y sentimientos pero en sentido favorable. Y lo habremos creado nosotros mismos de forma intencionada.
Para ello hay que aprender a entender la vida de forma desapegada, humilde y austera; de manera que todo lo que llegue a partir de esa posición y que suponga una mejora de nuestra calidad de vida es digno de ser agradecido.
Esta sensación la tenemos cuando vamos de viaje a países pobres o cuando vemos una realidad más dura que la nuestra. Es ahí cuando nos damos cuenta de lo afortunados que somos.
¿Qué sentiría una persona vulnerable si le regalaras unos zapatos nuevos?
¿Llevas tú zapatos? ¿Les agradeces su funcionalidad?
Pues como este ejemplo hay una sinfín de oportunidades de agradecimiento diario que no hacemos porque ya consideramos que es “normal”.
Y no es tanto la cosa que se agradezca sino el sentimiento que albergamos dentro nuestro cuando agradecemos. Es un sentir de alta vibración que estaremos generando en nuestro interior a consciencia. Y si mantenemos mucho tiempo este estado, nos alinearemos a la sintonía de crecimiento, prosperidad y abundancia. Pero sobre todo, nos sentiremos bien durante más tiempo, a la vez que impediremos que pensamientos y sentimientos de baja frecuencia ocupen ese espacio.
¿Y qué podemos agradecer?
Mira a tu alrededor y observa bien durante unos segundos.
Ahora cierra tus ojos e imagínate desnudo en medio de un desierto sin NADA.
Abre los ojos de nuevo y date cuenta de cuantas cosas puede agradecer ahora.
¿Verdad que hay muchas más que al principio?
Haz ahora un rápido recorrido por tus experiencias vitales. Seguro que hay buenos y malos momentos. ¿Qué puedes agradecer de todos ellos?
Los fracasos también son dignos de agradecer porque en ellos hay integraciones que nos convierten en personas más curtidas.
Pues sólo te pido que te acuerdes cada día de esto y dediques, para empezar, unos minutos al día para AGRADECER todo lo que puedas. Mi consejo es que lo hagas por la mañana al levantarte para conectarte y antes de irte a dormir. Lo puedes hacer de forma mental o registrarlo en una libreta de agradecimientos.
Cuando ya lleves un tiempo de esta práctica te recomiendo seguir utilizando los agradecimientos a lo largo del día (a través del lenguaje o de pensamientos de gratitud).
Tienes ante ti la oportunidad de mejorar tu bienestar.
“La gratitud es la puerta de la Abundancia”
¿Te decides a entrar?